La razón por la que llevo largo rato sin escribir, es que la monótona vida del desempleado no trae demasiadas emociones para contar y contar miserias resulta tan repetitivo y esteril como hablar de reformas tributarias en un país en que la gente tiene que elegir entre necesidades básicas para subsistir (pago el gas y la luz, pero el teléfono se va para el próximos mes; pago el mercado y la salud, pero no la cuota de la casa; pago la pensión del colegio, pero dejo de comer balanceadamente por dos meses y cosas así) Por mi parte, tengo techo, comida e internet y eso es suficiente para distraerme del hecho de no haber invitado a mi novia ni una paleta desde hace meses y que pronto entraré en la moda de la ropa rasgada, raida y maltratada porque soy muy viejo para andar pidiéndole aún a mi papá la dotación anual de prendas de vestir.
Sobretodo porque a pesar de mis casi 4 meses de paro se ha portado estupendamente bien conmigo, sacándome la espantosa culebra del ICETEX de encima, Dios lo bendiga! y nos ha proporcionado a mi hermano y a mi una nueva herramienta para mejorar nuestro desempeño profesional (y mis habilidades de manejo ^-^)
Mientras tanto, continúo pasando hojas de vida y esperando... La cuestión es que durante la última semana salí sin darme cuenta, de mi nueva condición de hermitaño y aunque el poco dinero que estaba acumulando se ha evaporado (en buenas causas, principalmente) ha sido divertido ver de nuevo la luz del sol.
La improvisación se ha ido encargando de mi agenda, mezclando lo que TENGO que hacer, con algunas vueltas que QUIERO hacer y otros planes que han surgido de la manera más improvisada. A éste último grupo entra la invitación de mi tía-madrina a visitar a los hombres de terracota (whatever) que trajeron desde China, pero como se ha comprobado incluso en los medios, el nivel de cultura de nuestra ciudad parece haberse disparado y nos resultó imposible entrar. Las filas son increíbles. Bien por la ciudad que ahora hace pequeñas conferencias sobre videojuegos y montones de personas deseosas de entrar a los museos, mal por lo que estábamos acostumbrados a ir a lugares solitarios y bonitos como los museos.
No todos los lugares de trascendencia cultural están abarrotados de personas. Dado que no nos sentimos capaces de soportar las filas del museo nacional, pasamos al planeario (ref. South park) y descubrimos que la proyección celeste sólo se realiza los fines de semana. Así que derrotados, pero optimistas terminamos en el multiplex Embajador viendo Vecinos Invasores. La recomiendo mucho!
El sábado corrí por la ciudad tratando de no decepcionar a nadie y complir con varios compromisos, unos encima de otros y que revestían de idéntica importancia para mi. Creo que cumplí bastante bien y el último lo quisiera comentar porque es bastante fuera de lo común que me vean en un bar de rockeros.
Una prima estaba de cumpleaños y nos juntamos para celebrarlo en la primera de mayo. Allí cometimos la torpeza de entrar a un bar llamado Rock Classic QUE POR NINGÚN MOTIVO RECOMIENDO A NADIE VISITAR!!! del que nos hecharon por negarnos a comprar la media de aguardiente o ron. aunque llevabamos el equivalente consumido en cervezas y nos aguantamos heróicamente el repertorio crossover y la regular tirando a buena presentación en vivo. Señores, pa'guardiente la tienda paisa y para ron la parranda vallenata. Volvimos entonces a un bar donde ya habíamos estado en otra ocación que se llama Rock Power que tiene buena atención, cerveza en la botella, videos variados (pero todos de rock) y un interesante surtido de mechudos. Sobre estos últimos, debo decir que se están haciendo viejos. Ya no baten melena como antes, salvo dos o tres, la mayoría estaba tranquila y relajada.
Y es que de los distintos grupos que se juntan a tomar pos los bares de la ciudad, considero que los rockeros (no se si llamarlos metaleros por aquella quietud capilar de la que les hablaba) son de los más tranquilos y educados. Tal vez porque al verse unos a otros todos de negro y mechudos quieren evitar cualquier problema o tal vez porque guardan sus enegías para los punketos, estos melómanos se tratan entre ellos de forma cordial, amable y están siempre dispuestos a disculparse por el menor roce que puedan tener mientras circulan entre las mesitas. El rock ya no es, en resumen, el sentimiento autodestructivo de antaño sino un gusto más, como el que se pone a charlar mientras oye a ramiroquei y se toma, como en todos los casos civilizados, una costeña.
Para mantener el hilo conductor de esta entrada, sólo me resta añadir que en Rock Power la fila para el baño también estaba bastante larga.
Sobretodo porque a pesar de mis casi 4 meses de paro se ha portado estupendamente bien conmigo, sacándome la espantosa culebra del ICETEX de encima, Dios lo bendiga! y nos ha proporcionado a mi hermano y a mi una nueva herramienta para mejorar nuestro desempeño profesional (y mis habilidades de manejo ^-^)
Mientras tanto, continúo pasando hojas de vida y esperando... La cuestión es que durante la última semana salí sin darme cuenta, de mi nueva condición de hermitaño y aunque el poco dinero que estaba acumulando se ha evaporado (en buenas causas, principalmente) ha sido divertido ver de nuevo la luz del sol.
La improvisación se ha ido encargando de mi agenda, mezclando lo que TENGO que hacer, con algunas vueltas que QUIERO hacer y otros planes que han surgido de la manera más improvisada. A éste último grupo entra la invitación de mi tía-madrina a visitar a los hombres de terracota (whatever) que trajeron desde China, pero como se ha comprobado incluso en los medios, el nivel de cultura de nuestra ciudad parece haberse disparado y nos resultó imposible entrar. Las filas son increíbles. Bien por la ciudad que ahora hace pequeñas conferencias sobre videojuegos y montones de personas deseosas de entrar a los museos, mal por lo que estábamos acostumbrados a ir a lugares solitarios y bonitos como los museos.
No todos los lugares de trascendencia cultural están abarrotados de personas. Dado que no nos sentimos capaces de soportar las filas del museo nacional, pasamos al planeario (ref. South park) y descubrimos que la proyección celeste sólo se realiza los fines de semana. Así que derrotados, pero optimistas terminamos en el multiplex Embajador viendo Vecinos Invasores. La recomiendo mucho!
El sábado corrí por la ciudad tratando de no decepcionar a nadie y complir con varios compromisos, unos encima de otros y que revestían de idéntica importancia para mi. Creo que cumplí bastante bien y el último lo quisiera comentar porque es bastante fuera de lo común que me vean en un bar de rockeros.
Una prima estaba de cumpleaños y nos juntamos para celebrarlo en la primera de mayo. Allí cometimos la torpeza de entrar a un bar llamado Rock Classic QUE POR NINGÚN MOTIVO RECOMIENDO A NADIE VISITAR!!! del que nos hecharon por negarnos a comprar la media de aguardiente o ron. aunque llevabamos el equivalente consumido en cervezas y nos aguantamos heróicamente el repertorio crossover y la regular tirando a buena presentación en vivo. Señores, pa'guardiente la tienda paisa y para ron la parranda vallenata. Volvimos entonces a un bar donde ya habíamos estado en otra ocación que se llama Rock Power que tiene buena atención, cerveza en la botella, videos variados (pero todos de rock) y un interesante surtido de mechudos. Sobre estos últimos, debo decir que se están haciendo viejos. Ya no baten melena como antes, salvo dos o tres, la mayoría estaba tranquila y relajada.
Y es que de los distintos grupos que se juntan a tomar pos los bares de la ciudad, considero que los rockeros (no se si llamarlos metaleros por aquella quietud capilar de la que les hablaba) son de los más tranquilos y educados. Tal vez porque al verse unos a otros todos de negro y mechudos quieren evitar cualquier problema o tal vez porque guardan sus enegías para los punketos, estos melómanos se tratan entre ellos de forma cordial, amable y están siempre dispuestos a disculparse por el menor roce que puedan tener mientras circulan entre las mesitas. El rock ya no es, en resumen, el sentimiento autodestructivo de antaño sino un gusto más, como el que se pone a charlar mientras oye a ramiroquei y se toma, como en todos los casos civilizados, una costeña.
Para mantener el hilo conductor de esta entrada, sólo me resta añadir que en Rock Power la fila para el baño también estaba bastante larga.
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