Antes que nada, un canto a la vida de una persona que admiro, una vida que se apaga en medio del dolor. Dolor inmerecido.
Una lágrima por un amigo perdido. Sólamente una lágrima y en todo caso, igual de inmerecida.
Fiel a mis principios y convicciones, exploro las líneas de fuego de la industria editorial. las pequeñas y medianas empresas de impresión que se han agremiado en distintos sectores de la Capital. yo estoy en un CTP de la Estrada aprendiendo acerca de encapsulados, películas y tamaños de plancha para impresión. Estoy rodeado de talleres de impresión y papelerías que venden resmas de pliego de papeles variados, lo que me recuerda que tan atrás queda en mi pasado la Panamericana.
A esta recurriré cuando quiera comprar algún libro y esté seguro de que no lo puedo conseguir más económicamente en el mercado legal.
Es extraño encontrarme tan metido en el marco técnico de mi profesión. Aunque tampoco resulta anormal, dada mi formación. Pero es una experiencia de campo que no logro saber si es totalmente necesaria para lograr mis objetivos. Lo único que puedo abogar a mi favor, es la cantidad de potenciales dibujantes e ilustradores que han preferido sacar sus trabajos en fotocopias antes que enfrentarse a los talleres, sus condiciones y tarifas. Claro, tambien los hay que fotocopean porque tiran poco y venden mejor de esa manera.
Si alguna vez llego a estar, como planeo, del otro lado del mostrador. Tendré en cuenta las cosas que he podido aprender en este último mes. Primero: nunca recomendar mi trabajo. La razón es que todos hacen lo mismo! si hay cinco órdenes de producción en cola, les aseguro que 4 están recomendadas, y que el responsable de la quinta se lamenta de no haberla recomendado porque se acerca la hora en la que reservó su "cupo". Lo que me lleva a la número dos: No ser tan atacado de solicitar un cupo antes de tener mis planchas en la mano. Es sorprendente la falta de planeación en esta autodenominada industria. A los dueños de los talleres les parece inconcebible que los operarios de preprensa se den el lujo de almorzar.
El cupo, es un horario dentro del tiempo de producción de una máquina que se le alquila a terceros para sacar sus producciones. Significa que si poseyera yo una máquina de impresión, planearía los tiempos de mis trabajos contratados, y el resto del tiempo lo alquilo para que mi máquina no me genere pérdidas al estar detenida. Claro está que si asigno un cupo y el cliente no llega, igual se lo cobro y muy posiblemente lo cubra con alguna otra cosa. De ahí que acosen tanto.
Gateo hacia adelante con convicción, poco a poco me iré levantando y comprobaré que del afán no queda sino cansancio y Dios no lo quiera, el dolor de un estrellón. no le deseo el fracaso a aquellos que si me lo han augurado a mi, tengo fe en mi proceso y dudas sobre el de ellos; pero igual quiero que todos, tanto acelerados como tímidos, seamos capaces de convertirnos en profesionales exitosos que aporten algo a esta sufrida patria. Al fin de cuentas, todos (nos hablemos o no), hacemos parte de la misma rosca.
Una lágrima por un amigo perdido. Sólamente una lágrima y en todo caso, igual de inmerecida.
Fiel a mis principios y convicciones, exploro las líneas de fuego de la industria editorial. las pequeñas y medianas empresas de impresión que se han agremiado en distintos sectores de la Capital. yo estoy en un CTP de la Estrada aprendiendo acerca de encapsulados, películas y tamaños de plancha para impresión. Estoy rodeado de talleres de impresión y papelerías que venden resmas de pliego de papeles variados, lo que me recuerda que tan atrás queda en mi pasado la Panamericana.
A esta recurriré cuando quiera comprar algún libro y esté seguro de que no lo puedo conseguir más económicamente en el mercado legal.
Es extraño encontrarme tan metido en el marco técnico de mi profesión. Aunque tampoco resulta anormal, dada mi formación. Pero es una experiencia de campo que no logro saber si es totalmente necesaria para lograr mis objetivos. Lo único que puedo abogar a mi favor, es la cantidad de potenciales dibujantes e ilustradores que han preferido sacar sus trabajos en fotocopias antes que enfrentarse a los talleres, sus condiciones y tarifas. Claro, tambien los hay que fotocopean porque tiran poco y venden mejor de esa manera.
Si alguna vez llego a estar, como planeo, del otro lado del mostrador. Tendré en cuenta las cosas que he podido aprender en este último mes. Primero: nunca recomendar mi trabajo. La razón es que todos hacen lo mismo! si hay cinco órdenes de producción en cola, les aseguro que 4 están recomendadas, y que el responsable de la quinta se lamenta de no haberla recomendado porque se acerca la hora en la que reservó su "cupo". Lo que me lleva a la número dos: No ser tan atacado de solicitar un cupo antes de tener mis planchas en la mano. Es sorprendente la falta de planeación en esta autodenominada industria. A los dueños de los talleres les parece inconcebible que los operarios de preprensa se den el lujo de almorzar.
El cupo, es un horario dentro del tiempo de producción de una máquina que se le alquila a terceros para sacar sus producciones. Significa que si poseyera yo una máquina de impresión, planearía los tiempos de mis trabajos contratados, y el resto del tiempo lo alquilo para que mi máquina no me genere pérdidas al estar detenida. Claro está que si asigno un cupo y el cliente no llega, igual se lo cobro y muy posiblemente lo cubra con alguna otra cosa. De ahí que acosen tanto.
Gateo hacia adelante con convicción, poco a poco me iré levantando y comprobaré que del afán no queda sino cansancio y Dios no lo quiera, el dolor de un estrellón. no le deseo el fracaso a aquellos que si me lo han augurado a mi, tengo fe en mi proceso y dudas sobre el de ellos; pero igual quiero que todos, tanto acelerados como tímidos, seamos capaces de convertirnos en profesionales exitosos que aporten algo a esta sufrida patria. Al fin de cuentas, todos (nos hablemos o no), hacemos parte de la misma rosca.
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