Defensa de la ignorancia como argumento válido dentro del marco de una discusión y su influencia en la historia de la humanidad

De hecho, me ha pasado en más de una ocasión que una discusión que podría llegar a alguna parte, se trunca porque la persona con quien hablo me acusa o yo acuso, que hay un desconocimiento tal del tema, que no se puede seguir adelante o que, simplemente, lo que sea que diga la persona declarada ignorante, no puede ser válido.

Qué cosa tan ridícula e injusta!! Qué habría sido de la comunicación y de la evolución humana si no nos hubiésemos permitido hablar de cosas que desconocemos, aún cuando el prejuicio y la ignorancia sean nuestra único punto de partida?
Toda charla que no sea entre personas cuya erudición acerca de un tema resulte indiscutible, va a estar marcada por ciertos niveles de ignorancia y en términos generales podemos asumir que la razón de ser de la conversación será siempre, disminuir el nivel de la misma.
El ejemplo que inspiró esta entrada al blog fue el roce que tuve con mi prima menor en la noche de navidad. Ella estaba recien desempacada luego de un año viviendo en Ecuador y mientras ella se enamoró de su nuevo entorno (lo que implicaba un renovado desprecio por el nuestro) yo he manejado siempre una preconcepción de los paises del sur que me hacía bromear al respecto.

No quiero ser irrespetuoso, esa noche me quedó claro que mi posición no era justa hacia nadie y al fin de cuentas mi país posee suficientes problemas como para ponerme a criticar los otros. Sin embargo, lo que yo más deseaba era que mi prima regresara y demostrara una poca de nostalgia, que nos diera a entender que nos había extrañado tanto como nosotros la habíamos extrañado a ella. Pero como no fue así, entonces cometí el error de atacar su nuevo entorno. No me gustaba la idea de que se sintiera a gusto tan lejos y me hiere el orgullo que atacara a mi queridísima Bogotá afirmando que su ciudad actual es más civilizada que la nuestra. A lo que quiero llegar en cualquier caso, es que si hubieramos continuado conversando sin que ella anulara mi opinión llamandome ignorante, podría haber llegado a convencerme de lo agradable y civilizado que es Quito. (a pesar de que no le ponen reparo a permitir que una niña ande con grupos de muchachos mayores entrando a bares y fumando pipas árabes con aguardiente quiteño).


Ahora bien, la ignorancia puede ser el punto de partida, pero nunca se debe cometer el error de centrarse en ella y encerrarse en un concepto errado, luego de descubrir que el argumento original peca de inexacto, el conocimiento debe construirse y desarrollarse hasta lograr que ambas partes de una discusión hayan pulido y eliminado esos elementos de ignorancia con los que tal vez comenzaron a discutir.

Personalmente soy el maestro del prejuicio, y eso es un elemento de mi personalidad que no creo poder eliminar fácilmente. Pero más allá de eso, no puedo acaso construir conceptos apropiados, partiendo de mi ignorancia y prejuicio? Dependería entonces, de la interacción con personas documentadas y con amplio criterio, que dominen el tema y a la vez tengan la suficiente paciencia conmigo para sacarme del error, si hay tal, y a la vez permitirme demostrar hasta cierto punto la validez de mis opiniones enmarcadas en un juicio posterior que esté construido sobre la conversación misma.

Eso es lo que quería comentar al respecto, aunque me tomó más de seis meses ponerlo en palabras, pasada la pataleta. buen y prejuicioso día.

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