Se requieren voluntarios

Aguerridos, sabios, atrevidos e intrépidos. Es la clase de personas que estoy buscando. Deben ser aventureros amantes de la ciencia, doctores, científicos y deben estar acompañados de una hermosísima dama con la cual todos tendrán algún amague romántico pero que al final no servirá sino para hacer más dura la abstinencia de los pobres hombres y tomar el control cuando estos cedan a la presión e intenten matarse unos a otros.

"Se trata de un viaje fantástico!! Tres científicos y una hermosísima dama serán reducidos a tamaño microscópico y navegaran una sofisticada navega hasta lo más recóndito del colon del señor Simpson!!"

Sólo que el señor Simpson es éste humilde redactor de pendejadas.
Colon, es una palabra que yo detesto, de alguna manera evoca las cosas que yo más desprecio de la vida, entre ellas, la escatología. Mientras que otras partes del cuerpo poseen nombres elegantes, científica y políticamente correctos, colon suena a una mala ida al baño. De hecho, me gustaría entender porqué este ingobernable órgano ers tan ingobernable, por simple ortografía, debería ser homónimo del despistado Almirante que se topara con nuestro continente. Pero hasta en eso es un incorregible rebelde. Por lo regular siempre he preferido ordenarle a mi cuerpo que ceda a mis gustos y pretenciones, pero éste desgraciado sub-organo parece estar ganándome la partida.

Por tal razón y porque hemorroide, colonoscopía y úlcera son palabras aún más feas, decidí que tengo que hacer algunos cambios que, espero, redunden en beneficios para mi fituro a pesar de lo insalobre del panorama. Insalobre, no insalubre.
Para asegurarme de no sufrir de indigestión por el resto de mi vida, estoy dispuesto a dejar varias de las más sabrosas cosas que me han acompañado desde siempre, por ejemplo: Mi chocolatote. El chocolate que sagradamente me he desayunado cada día casi sin falta por cerca de 24 años ahora me golpea cuando lo ingiero. Claro, podría tomar chocolate en agua que es menos pesado, pero como no me gusta pues mejor lo dejo.

La otra alternativa para no dejar el cacaito, sería tomarlo como lo hacen en Manizales; se trata de Chocolate amargo en agua, endulzado con agua de panela (aguapanela) que sabe muy rico acompañado por arepa amarilla grande, delgada, tostadita, sin sal en la masa pero con su buena dosis de mantequilla.

Pero resulta que la mantequilla y las grasas también deberían salir de mi dieta y ser reemplazadas por mucha más fibra y por sustitutos menos agradables de la comida. No tengo problema con la fibra, ni siquiera con la verdura (por más insípida y aguada que se vea), pero deshacerme de los lácteos y los embutidos es probablemente la parte más difícil de todo este proceso, ya que, como bien lo dice Morphy, quién nunca se equivoca: "Si sabe bien, escúpelo!!".

Ando comiendo frutas, comprandola, desayunando de vez en cuando con granola. El huevito ya no es diario, pero no quiero dejarlo del todo aún, más arepas que pan y galletas integrales, el tiempo me dirá si todo el sacrificio vale la pena, si la onda de lo saludable es lo que toca hacer para sobrevivir al esquema de trabajo en el que uno anda todo el día sentado (porque ando trabajando muy contento, aunque muy ocupado) pues habrá que ser paciente y ver si no me revienta la presión laboral o la estomacal. Suerte y buen retrete.

Nota a posteriori (y a propósito del tema, debería decir, a retaguardi): cuando redacté el original de esta nota, me encontraba en un trabajo muy diferente al que poseo en la actualidad y aunque el colon sigue fastidiando, al menos no paso tanto tiempo sentado.

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